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Y si en realidad todo es mentira, si en verdad no existimos:
¿qué pasa?. René Descartes tuvo la enorme idea
de "cogito, ergo sum". Pero a qué nivel
de razonamiento se refería el filósofo francés, porque
tomemos en cuenta que tanto él como Leibniz, Locke y
varios otros sujetos distinguen ciertas facultades naturales
innatas, es decir no empíricas en las que se fundamenta
todo el conocimiento. A ver, pregunto de nuevo: ¿a qué
nivel de razonamiento se refería, eh? Porque puedo pensar
en un durazno y no por eso SOY, no por ese magnífico
pensamiento del durazno me convierto en ser humano,
EXISTO. No por ese pensamiento de la piel, el carozo,
la pulpa de esa fruta (ya sea en partes o en un todo),
ya sea como durazno-fruta o como durazno-concepto.
Tal vez - y sólo digo tal vez, no es una afirmación
- si podemos separar aquel durazno-fruta del durazno-concepto
y desde ya deshacernos del primero, desecharlo, comerlo,
tirarlo, dejar que pudra o cortarlo y perderlo en una
ensalada de frutas, entonces aprehendemos el segundo.
Tomamos el durazno-concepto, el durazno-esencia.
(Aquí llegamos a un punto en el cuál debo
abrir un gigantesco paréntesis: pido por favor que todo
ser sobre la faz de la Tierra que acaso llegue a considerar
que el durazno-esencia al cual me estoy refiriendo
es lo mismo que esencia de durazno desestime
por completo todas y cada una de las notas que existen
en esta revista. Ahora sí, aquellos que todavía siguen
en esta página cierren el paréntesis y continúen.)
Aquí puede yacer la diferencia, ¿por
qué no? Debemos tomar el durazno-concepto. Imaginemos
la lechuga-concepto. Es así de simple. He aquí la diferencia.
He aquí lo que nos diferencia: el concepto. El
concepto de alma, el concepto de bien y mal. El concepto
de amor / odio / alegría / tristeza / engaño / desengaño
/ frío / calor . Nos diferencia ese sentido, o no nos
diferencia. El concepto de vestido / desnudo / pobre
/ rico / gracia / desgracia / desdicha / desvelo / desconsuelo.
Digo todo esto porque al parecer hemos
omitido y postergado lo esencial, y todos somos responsables
de ello, aquí existen culpas compartidas, tanto de los
pueblos como los gobernantes, de las organizaciones
estatales y privadas como de los individuos. Aquellos
que gobiernan están desmedidamente más preocupados en
acrecentar los fondos del tesoro nacional - y personal
- que en proporcionar una educación digna a los "futuros
votantes" y otorgar las herramientas básicas y necesarias
para el desarrollo de los pueblos. Ahora bien, yo me
pregunto (y les pregunto), ¿acaso estos inteligentes
y brillantes políticos, han siquiera meditado el riesgo
que implican los genocidios que llevan a cabo? Y cuando
digo riesgo no me refiero al relacionado con los pueblos
- doy por descontado que estos destacados cerebros gobernantes
de nuestras naciones sólo piensan en ellos - sino al
único riesgo que podría asomar como idea en sus mentes
egoístas. Deberían darse cuenta que de seguir reduciendo
los presupuestos destinados a cultura, educación, investigación,
y acciones sociales para los pueblos, mientras se destinan
mayores cantidades de dinero a campañas electorales,
viajes alrededor del mundo con enormes comitivas, guerras,
guerrillas y un largo etcétera, tarde o temprano vamos
a desaparecer. ¿Y entonces qué? ¿Quién podrá votarlos
si ya no quedan electores? Si no hay pueblo, tampoco
gobierno; y sin gobierno no existen partidos políticos
ni clase gobernante.
Por eso pregunto una vez más: ¿y si en
realidad todo es mentira? A qué nivel de razonamiento
se refería Descartes.
Es imprescindible que redefinamos los
valores y conceptos que rigen a esta sociedad (dentro
de la cual todos somos elementos integrantes). Porque
al parecer, si seguimos pensando como hasta ahora -
entre guerras, analfabetismo y desnutrición - dejaremos
de existir.
/fvp
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