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La actual producción artística china
ofrece una actitud crítica, fruto de años de asimilación
primero y experimentación individual después.
Fue así que en los años que siguieron a la muerte
de Mao, en 1976, los artistas incluyeron un cuestionamiento
social en todas sus representaciones artísticas. Posteriormente,
a mediados de los años ochenta, los temas políticos
abiertos saltaron a la luz pública y Mao quedó
reducido a un monograma al estilo de Andy Warhol y las estampas
de obreros comunistas quedaron hermanadas al logotipo de la
Coca Cola.
La apertura de temas, técnicas y tratamientos
en el arte asiático fue también acompañada
a una entrada al mercado artístico internacional. Al
igual que en el mundo occidental, la producción fotográfica
como medio de expresión en los artistas tradicionales
chinos fue adquiriendo mayor repercusión durante las
dos últimas décadas. Paralelamente, desde mediados
de los años ochenta, los hacedores fotográficos
se han ido volcando a diversos medios de expresión como
la performance, la instalación, el video de arte, alentando
una discusión pública y común acerca de
la cultura y la sociedad que les tocó vivir. Temas como
sobrepoblación, inmigración y asimilación
cultural son algunos desarrollados como una manera alternativa
de ejercitar el arte.
Luego de la cesión de Hong Kong de Gran
Bretaña a China, los curadores asientan sin dudas que
toda esta variedad de historia y tradiciones sumada a los nuevos
recursos y fusiones artísticas ha enriquecido a la producción
de los autores contemporáneos de esta región del
mundo, así como de aquellos nómadas culturales
que desde antes optaron por mudarse a países de occidente
rememorando sus lugares de origen, pero reelaborando su concepción
de nación, historia y tradición en este mundo
globalizado.
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