|
«El infinito no cabe en un vaso de agua y la condición
humana,
aun la más elevada, es cuando mucho un vaso de agua».
Ricardo Garibay
«En la Vida y en el Arte lo que importa
es un final inevitable».
Enoch Soames
A juicio de Nietzsche, la realidad se entiende
bajo dos categorías: Apolo y Dioniso. La figura de
Dioniso irrumpe en el mundo griego con gran escándalo.
La cultura griega, formada bajo la guía del lógos,
con poetas como Homero y Hesíodo, es sorprendida por
un dios extranjero que es salvaje, bebedor, bárbaro,
que gusta de fiestas crueles y ritos extraños, casi
exagerados. La mesura griega se ofusca. Les aterra descubrir
que esa misma crueldad y anti-razón está en
ellos mismos(1) . Ahora no pueden callar su escisión,
la división propia de la condición humana, y
se estremecen al considerar que en ellos mismos conviven Apolo
y Dioniso(2) . ¿Qué hacer? La conciencia de
realismo se impone: si así somos, aceptémonos.
¿A qué negar lo evidente? Dioniso está
a la par de Apolo(3) , el hombre es una mezcla de bien y mal,
de sensatez e irracionalidad. Pero, ¿cómo es
posible que en un solo individuo convivan fuerzas aparentemente
tan dispares? Esa disparidad es tan sólo aparente,
porque Dioniso se ha de transfigurar en Apolo. La fuerza dionisiaca,
cuando se manifiesta en el hombre, es transfiguradora, creadora.
Nietzsche sospecha de la visión típica
de Grecia(4) . Parece todo armonía, racionalidad, luz,
perfección, lógos, todo se muestra como
apolíneo. La gran virtud de Grecia es la mesura, pero
Nietzsche sospecha. ¿Qué los griegos no fueron
hombres comunes y corrientes? ¿No estaban ellos escindidos?
¿Por qué tanta mesura, por qué el lógos
ecuánime? Nietzsche ofrece una respuesta ingeniosa,
que luego se convertirá en la gran propuesta de El
origen de la tragedia. Los griegos fueron los primeros
en descubrir la presencia de lo dionisiaco a la par de lo
apolíneo. ¿Qué sentido tienen la enfermedad
y la muerte? ¿Cuál es el por qué del
dolor? La vida se manifestó a los griegos como escindida,
y lograron asimilar esa escisión, la doble campanada:
salud-enfermedad, vida-muerte, alegría-dolor, comedia-tragedia.
Un pesimista preferiría no haber nacido; el pesimismo
filosófico, si se conduce hasta el extremo, orilla
al suicidio. Pero los griegos no se suicidaron. Nietzsche
propone volver la mirada al espíritu griego para descubrir
cómo superaron este doble impulso.
La clave es la fuerza transfiguradora. Los griegos
superaron el problema creando belleza. "Los griegos saben
que toda la existencia, interpretada como moderación
y belleza, se basa en un suelo de sufrimiento y de exceso.
Puesto que en la existencia se esconden tormentosas pasiones,
los griegos optaron por Apolo, dios de la transfiguración,
fuerza que plasma y transforma lo perturbador en una tranquila
serenidad"(5) . Toda su existencia se concentró
en la creación de obras bellas, en la producción
de arte. Si la vida es doble usque ad infinitum, más
vale enfrentarla con un alegre impulso creador; la otra posibilidad
es realmente inhumana porque rompe con el ritmo de la vida,
nos desgaja de la tierra. En ese momento nace un anhelo de
vivir, se descubre el sentido de la vida, un porqué
orientador(6) . A esa estrella polar llama Nietzsche ilusión.
La ilusión es una forma de vida que reúne y
encauza en una misma dirección todos los impulsos vitales.
Los griegos tuvieron una ilusión artística;
más tarde, Sócrates inaugura la ilusión
teorética, en la que lo apolíneo subyuga lo
dionisiaco(7) . Toda la vida, la vida de todos, es una cadena
de ilusiones. Vivir es ilusionarse con algo.
Cuando uno se ilusiona con algo no desaparece
el dolor de la vida. Este dolor es inevitable, siempre está
allí, pero es posible invertirlo. Como una rosa con
tallo espinado, como el ungüento medicinal que se prepara
con veneno. El bien extraído del mal(8) . El hombre
supera las dificultades mediante la creación artística,
Dioniso transfigurado en Apolo.
¿Acaso todas las ilusiones son idénticas?
De ninguna manera. Algunas tienen contacto con la verdad tan
íntimamente que son capaces de manifestar la verdad
primordial. Otras, en cambio, ocultan la verdad originaria
del hombre. Así, por ejemplo, continúa Nietzsche,
el cristianismo rechaza la presencia de Dioniso en el hombre(9)
. El cristiano es incapaz de aceptar sus ámbitos dionisiacos
para más tarde transfigurarlos en belleza, sencillamente
los niega, y por eso miente, y quien miente oculta la verdad.
También Sócrates es, en este sentido, un mentiroso:
"Y no se nos debe ocultar ya lo que se oculta en el fondo
de esta cultura socrática, la ilusión sin límites
del optimismo"(10) . En cambio, el artista se vuelca
sobre sí mismo hasta llegar al fondo de sí.
Ese viaje al interior que se efectúa mediante la creación
artística le permite descubrir y describir la dualidad
que lo habita(11) . Conoce la humanidad en sí mismo,
lo universal en lo particular, lo objetivo en lo subjetivo.
Leer a Shakespeare es leer la condición humana en sí
misma, encontrarse con Hamlet es encontrarse con las fibras
íntimas de todo hombre. Nietzsche utiliza un poema
en El origen de la tragedia que lo explica mejor:
En las ondas suaves
de un océano de dichas,
en la armonía sonora
de las ondas vaporosas embalsamadas,
en el tormento infinito
de la respiración universal,
asumirse -abismarse-,
¡inconsciente, suprema dicha!
La ilusión artística permite encontrarse
con Apolo y Dioniso en un clima de transfiguración
que desemboca en la verdad originaria, en lo objetivo, en
lo universal. Pero, advierte Nietzsche, sería absurdo
dejarse engañar por una ilusión vulgar. Hace
falta arremeter violentamente contra ellas y plantarse sólo
frente a las ilusiones nobles. Arte contra cristianismo, el
prototipo de la ilusión noble y la ilusión vulgar.
Incluso la filosofía es un arte(12) . ¿Qué
entiende Nietzsche por arte? Toda creación humana que
nos habla del fondo de la vida. Todo aquello que manifieste
el carácter dionisiaco y apolíneo de la vida(13)
. Quien niegue alguno de estos caracteres será un embaucador
detestable, que oculta la verdad, i.e., aquella construcción
que nos habla acerca de lo profundo de la vida. Por eso, cuando
leemos a Shakespeare o Madame Bovary aprendemos algo de nosotros
mismos, como escribe Mario Vargas Llosa: "La novela sólo
apacigua momentáneamente esa insatisfacción
vital, pero, en ese milagroso intervalo, en esa suspensión
provisional de la vida en que nos sume la ilusión literaria
-que parece arrancarnos de la cronología y de la historia
y convertirnos en ciudadanos de una patria sin tiempo, inmortal-
somos otros. (...) De donde resulta que la irrealidad y las
mentiras de la literatura son también un precioso vehículo
para el conocimiento de verdades recónditas de la condición
humana"(14) .
El arte prototípico son la música(15)
y la tragedia. Comienza el §25 de El origen de la
tragedia: "La música y el mito trágico
son, en igual grado, la expresión de la facultad dionisiaca
de un pueblo, y parecen inseparables." Poco antes había
descrito Nietzsche la grandeza de la música alemana,
"de Bach a Beethoven y de Beethoven a Wagner"(16)
. ¿Por qué la música y la tragedia? Porque
en ellas no media la racionalidad. Por eso enfada a Nietzsche
la ciencia, que no logra jamás explicar la dualidad
de la vida: "Alborea en cinco o seis mentes tal vez,
que también la física es, a lo sumo, una exposición
y una ordenación... pero no una explicación
del mundo"(17) . Pero tampoco ha funcionado la moral,
y mucho peor ha sido después de Sócrates y el
cristianismo. Por eso Habermas dice que "la crítica
de la moral [de Nietzsche] tiene como presupuesto general
la perspectiva de la interconexión entre teoría
y praxis vital". Porque Nietzsche no entiende cómo
distanciaron estos ámbitos, que en sí mismos
están siempre profundamente unidos, tan profundo que
el problema no es sólo estético sino ontológico.
Con éstos, "el instinto creador queda cabeza abajo;
ya no es la creatividad artística la que ahí
funciona, sino la producción intelectual"(18)
.
BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA
FUENTES
F. NIETZSCHE, El origen de la tragedia, Espasa Calpe,
Colección Austral, Madrid, 1969.
F. NIETZSCHE, Así habló Zaratustra, Alianza,
México, 1992.
BIBLIOGRAFÍA SECUNDARIA
M. DESIATO, Nietzsche, crítico de la posmodernidad,
Monte Ávila Editores Latinoamericanos, Caracas, 1998.
J. HABERMAS, Sobre Nietzsche y otros ensayos, rei México,
México DF, 1996.
J. QUESADA, Un pensamiento intempestivo / Ontología,
estética y política en F. Nietzsche, Anthropos,
Barcelona, 1988.
G. VATTIMO, Las aventuras de la diferencia / Pensar después
de Nietzsche y Heidegger, Ediciones Península,
Barcelona, 1998.
NOTAS:
(1) Escribe Nietzsche en El origen de la tragedia,
p.37: el griego apolíneo "hasta hubo de sentir
algo más: su existencia entera, con toda su belleza
y su medida, reposaba sobre el abismo oculto del mal y del
conocimiento, y el espíritu dionisiaco le mostraba
de nuevo el fondo del abismo ¡Y no obstante Apolo
no pudo vivir sin Dioniso!".
(2) "¡Pues de qué otro modo habría
podido soportar la existencia este pueblo infinitamente
sensible, tan brillantemente capacitado para el sufrimiento,
si en sus dioses aquélla no se le hubiera mostrado
circundada de una aureola superior", exclama Nietzsche.
Y Julio Quesada comenta en Un pensamiento intempestivo,
pp.107-108: "La tragedia, por lo tanto, posee la dualidad
de estilos que bajo los nombres de Apolo y Dioniso encierra
tanto el bello sueño cuanto la embriaguez
del sufrimiento. En la tragedia luchan sin cuartel verdad
y belleza; aquélla como expresión desnuda
de la certeza con la que no se puede vivir, y ésta
como medida para evitar la mirada directa de la Medusa que
nos petrifica". En resumen: "Esta capacidad para
sufrir y aquella otra para crear configuran la dualidad
de estilo del arte griego"; p.107.
(3) Sería interesante estudiar si el maniqueísmo
es una variación de esta conciencia doble.
(4) Cfr. la primera parte del "Ensayo de autocrítica"
en Así habló Zaratustra IV, donde Nietzsche
explica la gestación de El origen de la tragedia
y donde enumera estas sospechas.
(5) Massimo Desiato, Nietzsche, crítico de la
posmodernidad, pp.70-71.
(6) Es curioso el paralelismo Nietzsche, cuando piensa que
el motor de la vida es la ilusión, y Aristóteles,
para quien el cosmos se mueve en la medida en que anhela
(aproximarse) al Sumo Bien. Vale la pena investigar el papel
de la causa final en el pensamiento de Nietzsche: la ilusión,
la tierra, el destino trágico, etcétera.
(7) Cfr. Massimo Desiato, Nietzsche, crítico de
la posmodernidad, p.76.
(8) Encuentro ahora una similitud con san Agustín,
quien se preguntaba por el origen del mal. Responde que
Dios juzgó mejor sacar el bien del mal (recuérdese
la idea gregoriana y de la primitiva cristiandad que clamaba:
felix culpa!) que no permitir que el mal existiera.
(9) Por esta misma razón Nietzsche abomina también
de Sócrates, Platón y Eurípides. El
pensamiento de Sócrates y el de Platón son
mejor conocidos que el de Eurípides, en general.
Puede servir, para este propósito, la Paideia
de Werner Jaeger, pp. 312-314.
(10) Friedrich Nietzsche, El origen de la tragedia,
p.107.
(11) Massimo Desiato, Nietzsche, crítico de la
posmodernidad, p.71: "el exceso no es rechazado
ni negado: es asimilado por la mesura y su quietud. (...)
A tal punto esta lucha fue cerrada, que de ahí en
adelante ya no fue posible separar Apolo de Dioniso, pues
la mesura cobra valor sólo si se ha experimentado
alguna vez el exceso en toda su magnitud". Más
tarde agrega, p.74: "La voluntad sana sabe que la vida
es una tensión, sólo episódicamente
reconciliada".
(12) Según Gianni Vattimo, el arte nietzscheano es
ya voluntad de poder. Escribe Vattimo en Las aventuras
de la diferencia, p.88: "(...) Nietzsche se dará
cuenta de que, en la historia de la cultura occidental,
el lugar en que ha sobrevivido un residuo dionisíaco,
una forma de libertad del espíritu, en suma aquello
que luego, en los últimos años, se llamará
voluntad de poder, es precisamente el arte".
(13) "Todo arte opera como sugestión sobre los
músculos y los sentidos, que están originariamente
activos en el hombre artístico ingenuo; habla siempre
y sólo a los artistas -habla a esta especie de sutil
movilidad del cuerpo"; Gianni Vattimo, Las aventuras
de la diferencia, p.100.
(14) Mario Vargas Llosa, "Un mundo sin novelas"
en Letras Libres, octubre 2000, pp.41-42. Hay una
diferencia entre Nietzsche y Vargas Llosa. El peruano-español
afirma que la ilusión literaria suspende la
vida; me parece que Nietzsche diría lo contrario,
que precisamente esa ilusión nos hace vivir con mayor
intensidad la vida.
(15) Como Schopenhauer.
(16) Friedrich Nietzsche, El origen de la tragedia,
§19, p.117.
(17) Friedrich Nietzsche, Más allá del
bien y del mal, sección primera, aforismo 14.
(18) Julio Quesada, Un pensamiento intempestivo,
p.96.
(*) Enrique G de la G (San Pedro Garza García, México,
1979). Lector y escritor, estudió filosofía. Su tesis versa
sobre el objeto de la metafísica aristotélica. Colabora
en distintas revistas con ensayos, reseñas y entrevistas.
Agradecido lector de Borges, Victor Hugo y Alfonso Reyes.
|
Suscríbete
a Enfocarte.com y recibe las actualizaciones en tu e-mail
|
|
|
|