La poesía china goza de una tradición
de tres mil años, a través de los cuales
ha desarrollado sus formas, metros y estilos. Los dos
mejor conocidos tipos de verso son el shi y el ci. El
primero es la más remota forma de poesía,
escrita a menudo con un estricto número de monosílabos
para cada verso. El segundo, que alcanzó su apogeo
durante la dinastía Song, es un verso con irregular
número de palabras, escrito para una melodía
determinada. El chino, además, es una lengua
de naturaleza musical. La frecuente omisión del
sujeto en sus frases, la inexistencia de una expresa
diferencia entre los tiempos verbales, el número
en los sustantivos y el caso o el género de los
pronombres, ha contribuido a forjar un verso que resulta
una materia compacta, cuya interpretación es
casi un acto adivinatorio. Es quizás, por esas
circunstancias, que desde sus primeros poemas los chinos
relacionaron la poesía con la música.
En cualquier nivel social, la poesía ha penetrado
en la vida y la historia, y quizás no haya otra
faceta de su cultura que posea más universal
aprecio. En China no han existido los poetas profesionales,
pero se puede decir que «la gente común»
con sus formas coloquiales y estilo del habla, y los
literatos, de vasta erudición y sofisticadas
sensibilidades, son los que con mayor frecuencia la
han producido. Ha sido escrita por emperadores y sus
amantes, por monjes y generales, ciudadanos y campesinos,
pero sobre todo por funcionarios, hombres educados en
la escritura y lectura de los clásicos, así
también sea cierto que para los chinos, en general,
siempre ha estado primero la realización de sus
ambiciones a través de una prolongada carrera
administrativa, y luego la escritura de poemas.
La poesía en China ha estado ligada a la vida
y las actividades de la gente más que en ninguna
otra cultura. Su poesía ha servido para cantar
a los espíritus de los antepasados, celebrar
las bellezas de la naturaleza, demostrar amistad, servir
de compañía en las reuniones sociales,
hacer críticas políticas, serenar el dolor,
o progresar en un galanteo amoroso. Dos hechos llaman
la atención en esta poesía: su antigüedad
y continuidad. El descubrimiento, en el siglo primero
antes de nuestra era, de una técnica para hacer
papel y la invención de la imprenta, siete siglos
después, ayudó grandemente a la diseminación
y conservación de la literatura, y desde entonces
son cientos y cientos los trabajos que los chinos han
consagrado a la recopilación y estudio de su
poesía. Otra de sus virtudes es su fácil
comprensión, así la poesía china,
como cualquiera otra gran tradición poética,
tenga sus convenciones particulares, algunas de las
cuales suelen parecer extrañas a un lector común.
El tratamiento que han dado al amor romántico,
por ejemplo, aparece presentado casi en exclusivo desde
el punto de vista de las mujeres, haciendo énfasis
en el sufrimiento y desamparo de su situación.
En otros casos, la corte imperial y los monarcas y concubinas,
son equiparados a los cielos, o a maravillosas damas
del firmamento, y los favores del emperador, a la lluvia
que da vida o el rocío de la mañana.
Además de estos estereotipos, la poesía
china tiene un buen número de mitos y leyendas
que sirven para agregar significantes a sus habituales
alusiones a famosos sucesos y personajes del pasado.
Y como se ha dicho muchas veces, esta tradición
poética tiene un tono que se acerca mas al sentido
común y es raramente filosófico, o vinculado
a cosas supranaturales o extravagantes vuelos retóricos
o de fantasía. Por esta razón, incluso
en poemas muy antiguos, es fácil entender sus
significados, porque se ocupa de las preocupaciones
de hombres y mujeres en todos los tiempos.
Otra de las particularidades de su poesía es
su contención y decoro. Ni los antiguos ni modernos
chinos han redactado poemas épicos. En esta poesía
no hay temas heroicos ni de elogio de las armas. Las
guerras y la violencia jamás son exaltadas y
cuando son mencionadas, o referidas, es para lamentar
sus consecuencias o condenarles. De otro lado, los temas
eróticos son tratados, en la mayoría de
los casos, de forma comedida. La atracción sexual
es sugerida mas a través de las descripciones
de los trajes, el maquillaje, los artículos de
uso diario y personal, que por los cuerpos mismos, y
toda manifestación de indecencia queda oculta
tras eufemismos que apenas pueden ser comprendidos por
los entendidos. Reflejando, así, todo ello, la
enorme influencia que el confucianismo ha ejercido en
la poesía, donde las artes y virtudes civiles
son más apreciadas que las militares.
La poesía es para los chinos el resultado de
un arduo trabajo con la lengua y el deseo de expresión,
mas que una derivación del carácter o
las rarezas de un genio o la divina inspiración.
Es un arte que cualesquiera, siguiendo las reglas de
la prosodia, puede escribir. Para la llamada gente culta
y en especial para los empleados del estado, la poesía
ha sido un elemento imprescindible en la vida diaria.
Los poemas se redactan para celebrar bodas, banquetes,
lamentar las separaciones entre amigos, encomiar los
hechos de la vida cotidiana, recordar los escenarios
de un viaje, sanear el dolor y las penas, o simplemente
terminar con el tedio o perfeccionar las habilidades
literarias. La costumbre de echar a las suertes, entre
un grupo de amigos, el ritmo o los ritmos en que serían
escritos los poemas, o de concordar con las cadencias
del poema de otro, ya fuese empleando las mismas cualidades
rítmicas o partiendo de las mismas palabras,
hicieron de la composición de poemas una suerte
de competencia, que daba a la invención lírica
calidad lúdica. Además, para los chinos
la poesía está mas ligada a su creador
que a su propio lenguaje, haciendo del poema casi un
rasgo autobiográfico, iluminando la existencia
del poeta, haciendo que su entera compresión
solo sea posible si se lee en el contexto de su vida
misma. Un poema es la voz de un poeta que involuntariamente
se dirige a la posteridad o el mundo, pero que habla
casi en exclusivo para un grupo de amigos o quizás
a si mismo. Por eso la gran mayoría de los poetas
de ayer y de hoy escriben mas, para su inmediato entorno
de amigos y conocidos, que para el publico en general
y es mas que suficiente si ellos celebran su trabajo.
China ha sido un país de agricultores y de allí
la importancia que se ha dado -en y fuera de la poesía-
a «la naturaleza»: los cambios de las estaciones,
la observancia de los rituales o el destino de los campesinos.
En contraste con las ciudades, que representan riqueza,
poder y corrupción, las montañas ofrecen
seguridad, serenidad y libertad, un lugar donde uno
puede disfrutar de la grandeza de los paisajes, llevar
una vida de acuerdo con las reglas del taoísmo
o el budismo, o ir a la búsqueda de plantas medicinales
que prolonguen la vida. Para los poetas burócratas,
amenazados casi siempre por los reveses de la fortuna
o la muerte, soñar con una vida placentera entre
las montañas fue uno de sus ideales. Sin contar
que cuando las guerras civiles estallaban, o los invasores
extranjeros venían del norte, ir hacia las montañas
era la casi única forma de salvar el pellejo.
Pero si los occidentales ven en la naturaleza una expresión
del Ser Supremo, para los chinos, imbuidos de taoísmo
y budismo, la naturaleza es el cuerpo mismo del ser
absoluto. Para ellos cada elemento del paisaje, desde
el más sublime hasta el más bajo, son
manifestaciones idénticas del Tao. Y el hombre,
lejos de ser el amo y protector de la creación,
es apenas uno más de esos elementos.
Aun cuando en las antiguas colecciones de poemas abunda
el tema de la muerte, fue durante la época Han
cuando los poetas cantaron, con mayor vigor, a la aterradora
brevedad de la vida y el miedo a desaparecer. Con el
tiempo, el arte y la literatura se han ocupado del asunto,
celebrando la inmortalidad mediante la búsqueda
de ella en los vientres de las montañas, o volando
hacia los cielos en las alas de alguna de sus míticas
grullas. Para los confucianos, sin embargo, la inmortalidad
es mas un asunto de salud física y descendencia,
que del recuerdo que tengan de uno los vivos.
La virtud es una de las cualidades menos reconocidas
en este mundo y nadie es capaz de recordar los nombres
de aquellos que lo merecen, así sea uno un erudito
chino. Quizás por esta y otras razones, para
los budistas y los taoístas, debemos alcanzar
la inmortalidad antes del fin de nuestros días,
apartando de nuestros actos toda expresión de
individualismo, y al hacernos parte de la naturaleza,
integrándonos al todo. De esa manera nos liberaremos
de las tradicionales concepciones de vida y muerte y
nos haremos eternos como el universo.
Muchos poemas chinos celebran abiertamente los placeres
sensuales. Otros son moralistas o meramente artísticos,
o intentan mejorar las situaciones humanas, o pretenden
sólo inmortalizar al autor. Pero también
los hay –y muchos de ellos son de los mejores-
aquellos donde el poeta deliberadamente se abandona
de sí mismo, de su persona y humanidad, y se
esfuerza por ser parte del sinnúmero de seres
y formas que le rodean.
Los chinos consideran la poesía la más
gloriosa de sus tradiciones literarias, y han hechos
grandes esfuerzos por conservarla y difundirla. Otros
géneros literarios quizás expresen mejor
ciertos aspectos filosóficos e intelectuales
de su cultura, pero es con la poesía que ellos
han encarado el mundo y a sí mismos.
La más remota de todas las colecciones de poemas
chinos, El libro de los cantos, está compuesto
por canciones folklóricas y baladas, cantos festivos
para banquetes de la corte e himnos para acompañar
a músicas y danzas, que se cree fueron escritos
entre los siglos once y sexto antes de nuestra era.
La tradición dice que sus trescientos cinco poemas
fueron recopilados para divertir a Ji Zha, señor
del reino de Wu, aunque otros eruditos sostienen que
fue Confucio quien los recogió. Una buena parte
de ellos ofrecen un panorama de los goces y sufrimientos
de amantes y esposos. Las descripciones de los encuentros,
promesas y secretos muestran la relativa libertad individual
en aquellos días.
El recurrente tema de la separación puede considerarse
un dolor social que llega hasta el presente. Durante
miles de años los letrados pasaron buena parte
de sus vidas atendiendo cargos oficiales, lejos de sus
hogares, separados de sus padres, esposas, hijos y tumbas
de los antepasados, porque estaba prohibido ejercer
en sus pueblos y estados de origen. Además los
gobernantes podían exiliar a remotas regiones
a sus enemigos políticos y sociales y en no pocas
ocasiones esos exilios eran de por vida. En otros casos
las parejas debían separarse si, como hoy, uno
de ellos quería mejorar de posición social
o estudiar.
Para Confucio la amistad es una relación de vital
importancia y reverencia, una de las «cinco relaciones
básicas» ligada a las que deberían
existir entre emperador y súbdito, padre e hijo,
esposo y mujer, hermano mayor-hermano menor. Pero la
amistad es aún un asunto entre hombres, no es
conyugal ni prematrimonial y el placer de compartir
ideales y aspiraciones es una rara práctica en
la vida marital. Además, pasar mucho tiempo en
compañía de mujeres es una actividad deshonrosa.
Todo ello explicaría por qué hay más
poemas a la amistad que al amor en esa milenaria poesía.
Bien conocidos y repetidos son los poemas de amistad
entre Su Wu y Li Ling, los Siete Maestros de Jiangnan,
Li Bai y Du Fu, Han Yu y Meng Jiao, Su Dongpo y Huang
Tiangjian, y Nala Chengde y Gu Shenguan, por ejemplo.
Occidente ha hecho enormes esfuerzos por dar a la mujer
el lugar que merece, más allá de un ser
para el placer y la reproducción. Desde la aparición
de la caballería y las cortes de amor ocuparon
una alta posición en la sociedad y son relativamente
educadas, de manera que han podido disfrutar de los
goces del conocimiento y de la belleza, casi igual que
los hombres. En la China contemporánea también
las mujeres han conquistado poco a poco su lugar, pero
su sentido es apenas igualitario respecto del trabajo
y los oficios del hogar. No se percibe que las mujeres
sean sujetos de culto o veneración por su belleza
y algunos de los poemas Tang y Song que retratan hermosas
muchachas perdidas para el amor o memorables damas de
casas de placer, no serían compartidos hoy por
mucha gente común. Comparada con la poesía
dedicada a las separaciones y la amistad, la poesía
amorosa es entonces rara y aun que en pocas ocasiones
comparta la intensidad espiritual que se encuentra en
la poesía amorosa occidental, por sus indecisas
maneras de abordar el asunto, por el dolor profundo
que delatan y por el refinamiento en la sugerencia de
los detalles de una pasión, es una de las más
bellas del mundo.
Que la sociedad china tenga en poca importancia «el
amor» se explicaría por el lugar que ocupa
la familia y el matrimonio en sus vidas. Mucha poesía
amorosa china lamenta la muerte de la esposa pero no
celebra el amor como una pasión anterior o por
fuera del matrimonio. Este amor, que llamaríamos
pasión, es visto a menudo como una suerte de
perversión. Para las parejas chinas el amor es
un asunto que crece a medida que la pareja encuentra
la felicidad en el matrimonio y las mutuas solidaridades
para llegar a la vejez. Desde hace muy poco, especialmente
en las grandes ciudades, los matrimonios se acuerdan
por consenso entre las parejas. Pero para la mayoría
sigue siendo un asunto de acuerdo entre familias y padres
de los contrayentes. Entonces es cuando hay que volver
los ojos a los numerosos poemas que hablan de las separaciones
de las parejas una vez unidos en matrimonio, para comprender
a plenitud el hondo significado de esta relación
en la vida individual y colectiva de los chinos.
Mientras en Occidente la realización de una pasión
es una memoria eterna de los goces de la vida, para
los chinos el matrimonio es el punto culminante del
crecimiento de hombres y mujeres. De allí que
entiendan que solo seres desgraciados y frustrados puedan
preferir la compañía de mujeres distintas
a sus esposas y quieran deleitarse con canciones y poemas
sobre esos asuntos. Emperadores poetas como Yangdi de
la Dinastía Sui y Li Yu de la Tang del Sur han
sido despreciados como políticos y gobernantes
por haber escrito poemas para celebrar sus amores con
concubinas o lamentando la duración de encuentros
con hermosas y finas mujeres.
- Ir a Cinco poetas chinos-
(*) Harold Alvarado Tenorio (alvaradotenorio@telesat.com.co),
poeta, ensayista, traductor y periodista, nació
en Colombia en 1945, hizo estudios de letras en la Universidad
Complutense de Madrid, donde recibió Titulo de
Doctor. Profesor Titular de la Cátedra de Literaturas
de América Latina y Director del Departamento
de Literatura de la Universidad Nacional de Colombia,
se ha desempeñado también como asesor
cultural del Centro Colombo Americano de Bogotá
donde dirigió las Series Escritores de las Américas
y como editor de los Cuadernos de Poesía de España
y América de la Editorial Tiempo Presente y de
la Página Ocho/Cultura de La Prensa. Ha recibido,
entre otros, el Premio Nacional de Periodismo Simón
Bolívar y el Internacional de Poesía Arcipreste
de Hita. Su obra ha sido publicada en inglés,
francés, griego, chino, alemán y portugués.
Ha sido invitado a ofrecer lecturas de sus poemas en
Universidades y Centros Culturales de Argentina, Brasil,
China, Cuba, Ecuador, España, Estados Unidos,
Francia, México, República Dominicana
y Venezuela.
Entre sus libros figuran Summa del cuerpo, Ediciones
Deriva, Cali, 2002, Fragmentos y despojos, Ediciones
Universidad del Valle, Cali, 2002, Literaturas de América
Latina, Ediciones Universidad del Valle, Cali, 1995;
Ensayos, Ediciones Universidad del Valle, Cali, 1994;
Poemas chinos de amor, Editorial China hoy, Beijing,
1992; La poesía de T.S. Eliot, Ediciones Centro
Colombo Americano, Bogotá, 1988; Espejo de máscaras,
Ediciones Universidad Nacional de Colombia, Bogotá,
1987; Una generación desencantada: los poetas
colombianos de los años setentas, Ediciones Universidad
Nacional de Colombia, Bogotá, 1985; Kavafis,
Ediciones Universidad de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez,
1984 y Cinco poetas españoles de la Generación
del Cincuenta, Ediciones La Oveja Negra, Bogotá,
1980.
Harold Avarado Tenorio es director de Alquitrave Editores.
Visita su web www.arquitrave.com