Las flores del mal
Charles Baudelaire
París, 1821 — 1867
Pocos libros han fijado tan nítidamente la frontera entre el siglo XIX y la sensibilidad moderna como Las flores del mal (1857). Baudelaire propuso una poesía donde el spleen y la conciencia urbana no eran un decorado, sino la materia misma del poema, y donde el cuerpo, la enfermedad, el aburrimiento y la deuda podían tener idéntico peso lírico que el éxtasis amoroso.
En castellano la obra ha conocido versiones notables: la temprana de Eduardo Marquina, las más conocidas de Enrique López Castellón y de Antonio Martínez Sarrión, y la traducción anotada de Luis Antonio de Villena. Cada una de ellas inclina el equilibrio entre música y argumento: Marquina prioriza la melodía clásica; Martínez Sarrión deja respirar la prosa interior del verso, más cercana a la dicción de Baudelaire cuando hablaba en voz baja.
La pieza que mejor sostiene esa doble tensión es probablemente «À une passante», donde el encuentro fugaz con una desconocida en la calle deviene una poética entera del instante.